
El episodio explora la confianza de Job en Dios a pesar de sus sufrimientos y la importancia de reconocer y confesar nuestros pecados.
«¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? Hazme entender mi transgresión y mi pecado.» (Job 13:23) Los amigos de Job estaban convencidos de que todo lo que había ocurrido a Job y a su familia era un castigo merecido de Dios. No obstante, Job sabía que lo que estaba sufriendo no se trataba de un castigo. ¿Cómo podría estar tan seguro? Desde luego, no era porque Job se creía perfecto. Vemos en sus discursos, que él reconocía que era un pecador. Pero si prestamos atención a su forma de orar, encontramos la verdadera fuente de su confianza. Tal como el salmista en el Salmo 139 pedía que Dios le examinara y revelara su pecado, Job aquí hace lo mismo, pidiendo que Dios le mostrara cualquier iniquidad, pecado o transgresión. Ya que Dios no traía convicción a su corazón por un pecado específico, Job sabía que Dios no podría estar castigándole. Sus amigos le acusaban de todo tipo de pecado, pero Job sabía que ya había confesado todos sus pecados a Dios y que había recibido de Dios el perdón. Es muy importante que oremos nosotros también esta misma oración. Y por cierto, es una oración que Dios siempre contesta. Nuestro mayor peligro, después de todo, en la vida espiritual es…
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