
The episode discusses the events leading up to the Hindenburg disaster and the circumstances surrounding its ill-fated flight.
A las once y cuarenta y dos de la mañana del 6 de mayo de 1937, en un campo de aterrizaje de Lakehurst, Nueva Jersey, el dirigible más grande jamás construido estalló en llamas ante las cámaras de medio mundo. Noventa y siete personas iban a bordo del LZ 129 Hindenburg. Sesenta y dos consiguieron salir con vida de aquel infierno de aluminio, lona e hidrógeno. Las imágenes dieron la vuelta al planeta y, en apenas treinta y cuatro segundos que fue lo que tardó el zepelín en consumirse, se evaporó también la era de los dirigibles de pasajeros. Lo que casi nunca se cuenta, sin embargo, es la historia de lo que ocurrió antes de que la primera chispa saltara. El Hindenburg jamás debería haber despegado aquella mañana de Frankfurt. Las tormentas eléctricas llevaban horas merodeando la costa de Nueva Jersey, y tanto el comandante Max Pruss como el capitán Ernst Lehmann, que había hecho la ruta docenas de veces y conocía el Atlántico Norte como quien conoce el pasillo de su casa, tenían informes meteorológicos sobre la mesa que desaconsejaban la maniobra de aproximación. Pero el Hindenburg acumulaba más de doce horas de retraso, un pecado imperdonable para la aeronave insignia del régimen…
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