
The episode discusses the contrasting strategies of two polar expeditions in 1911, highlighting the importance of planning and adaptability over mere bravery.
En 1911, dos expediciones salieron hacia el Polo Sur. Una llegó antes y regresó con todos sus hombres. La otra llegó treinta y cuatro días después y murió durante el camino de vuelta. La diferencia no fue el valor, porque a nadie le faltaba valor cuando avanzaba a cuarenta grados bajo cero; fue algo mucho menos cinematográfico y bastante más útil: una de las expediciones había dejado espacio para equivocarse. Roald Amundsen estudió durante años cómo sobrevivían los pueblos del Ártico, eligió perros y esquís, situó depósitos de comida a intervalos prudentes y marcó cada uno con una línea de banderas tan amplia que resultaba difícil pasarlo de largo incluso con mala visibilidad. Robert Falcon Scott, en cambio, mezcló caballos, vehículos motorizados y fuerza humana, confió en equipos que no habían sido probados suficientemente y calculó las provisiones con un margen que habría parecido razonable en un despacho, pero que resultó grotescamente pequeño cuando el clima dejó de comportarse como una hoja de cálculo. Scott no era menos valiente que Amundsen. Probablemente necesitó serlo mucho más, que es precisamente el problema. El heroísmo suele recibir estatuas porque nadie levanta…
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