
P. Luis Zazano reflects on the importance of love and understanding in the face of societal judgments and personal struggles.
1) La cruz: En estos últimos 10 años me tocó encontrarme con gente que yo sabía que me había atacado y que después me decía: “¡Qué lindo verte!”. Porque es difícil odiar cuando uno te ve y te das cuenta que estás odiando un algo y no un alguien. Lo mismo vale cuando hablamos de algo y no de alguien. Hasta por ser creyentes nos institucionalizan, crucificándonos, y nos dicen: “¿Cuál es la postura de la Iglesia con respecto a los adictos, a los que abortaron, a los homosexuales?” Y siempre digo: “Más bien hay que decir: “¿Cuál es nuestra posición con…?” Porque si esa persona que es gay o ese adicto o ese jugador compulsivo o ese depresivo es tu hijo o tu hija, ¿No cambia la visión?. Claro que no apoyamos ciertas cosas, or supuesto, pero dudo que se corra a la calle o se odie a ese hijo por su postura, situación o decisión. Porque cuando ponemos un nombre y un rostro no ponemos una postura, sino que amamos. Si ese divorciado en nueva unión es tu hijo, ¿qué harías? Todos tenemos una cruz, pero el que mi hijo no tenga y no cumpla mis convicciones ¿eso lleva a que lo odie? Para nada. Cuando uno le quita la cara al paciente se termina quedando con la patología y entra eso de “los que…
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