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«Dime con quién andas»
Apr 30, 2026
4m 04s
«¡Paren, señores, paren!»
Apr 29, 2026
4m 04s
«Mi vida está hecha un desastre»
Apr 28, 2026
4m 04s
«Ni arrepentimiento ni remordimiento»
Apr 27, 2026
4m 04s
«Lucha con la incredulidad»
Apr 25, 2026
4m 04s
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| Date | Episode | Topics | Guests | Brands | Places | Keywords | Sponsor | Length | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 4/30/26 | ![]() «Dime con quién andas»✨ | compassionanimal welfare+3 | — | burro | — | Torquemadaburro+3 | — | 4m 04s | |
| 4/29/26 | ![]() «¡Paren, señores, paren!»✨ | childhood memoriesfair+4 | — | — | — | fairchildhood+5 | — | 4m 04s | |
| 4/28/26 | ![]() «Mi vida está hecha un desastre»✨ | alcoholismdivorce+3 | — | www.conciencia.net | — | alcoholdivorce+3 | — | 4m 04s | |
| 4/27/26 | ![]() «Ni arrepentimiento ni remordimiento»✨ | violencereligion+5 | — | AvemaríaFranz Schubert | — | AvemaríaFranz Schubert+6 | — | 4m 04s | |
| 4/25/26 | ![]() «Lucha con la incredulidad»✨ | incredulidadansiedad+4 | — | www.conciencia.net | — | incredulidadansiedad+5 | — | 4m 04s | |
| 4/24/26 | ![]() Las piñas, los monos y los puercos monteses✨ | explorationindigenous culture+3 | — | Las piñas, los monos y los puercos monteses | Tugui, BrasilEspaña+2 | Álvar Núñez Cabeza de VacaTugui+5 | — | 4m 04s | |
| 4/23/26 | ![]() «El mal de Don Quijote»✨ | literaturepsychology+3 | — | — | Río de Janeiro | Don QuijoteMiguel de Cervantes+5 | — | 4m 04s | |
| 4/22/26 | ![]() «El Quijote de Cervantes»✨ | Cervantesliterature+3 | — | El Quijote de Cervantes | — | CervantesDon Quijote+5 | — | 4m 04s | |
| 4/21/26 | ![]() Recuerdos que nos conviene olvidar✨ | literatureCervantes+4 | — | Quijote | — | CervantesQuijote+5 | — | 4m 04s | |
| 4/20/26 | ![]() «Símbolo de paz y alegría»✨ | celebrationCantinflas+5 | — | Naciones Unidas | — | CantinflasMario Moreno+8 | — | 4m 04s | |
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| 4/18/26 | ![]() Estrés por exceso de trabajo✨ | estréstrabajo+3 | — | www.conciencia.net | — | estréstrabajo+3 | — | 4m 04s | |
| 4/17/26 | ![]() Cuando se destapan cloacas✨ | delitosrobo+4 | — | — | BeijingChina+2 | delitosrobo+5 | — | 4m 04s | |
| 4/16/26 | ![]() «Del viejo, el consejo»✨ | bank robbery preventionpersonal transformation+3 | — | — | — | bank robberyadvice+3 | — | 4m 04s | |
| 4/15/26 | ![]() «Bien te quiere quien te advierte» (2a. Parte) | (Aniversario del Naufragio del Titánic) Era el buque transatlántico más grande y más lujoso de la época, con capacidad para tres mil pasajeros. Pero a pesar de que sus constructores se ufanaban de que era insumergible e indestructible, se hundió después de chocar contra un iceberg cerca de la medianoche en el Atlántico Norte, a unas 400 millas al sur de Terranova, en su viaje inaugural entre Nueva York y Southampton. Trágicamente, en sus botes salvavidas sólo cabían cerca de la mitad de los pasajeros y tripulantes que iban a bordo, entre los que se encontraba la crema y nata de la sociedad inglesa y estadounidense. Cualquiera daría por sentado que se trata del Titánic, que sufrió sin duda el naufragio más conocido de la historia. Sin embargo, no sólo es una fiel descripción de aquel naufragio verídico, ¡sino también de un naufragio ficticio descrito catorce años antes! El que se lo imaginó con semejante lujo de detalles fue el escritor estadounidense Morgan Robertson en su corta novela titulada Futilidad cuando fue publicada en 1898, pero que después del verdadero naufragio del Titánic el 15 de abril de 1912 comenzó a llevar por título adicional: El naufragio del Titán. Es que ¡al buque transatlántico de su novela Robertson lo llamó Titán y lo describió como tal por lo menos nueve años antes de que la clase Olympic, a la que pertenecía el Titánic, fuera diseñada!1 Si bien hay algunas diferencias entre las dos tragedias, las discrepancias en realidad son mínimas en comparación con las asombrosas similitudes que las relacionan. De ahí que, en 1998, por tratarse del centenario del libro El naufragio del Titán, Simon & Schuster haya vuelto a publicarlo, y que el editor Simon Hewitt haya escrito en cuanto al asombroso presagio del Titánic: «Nadie puede decir a ciencia cierta si se trata de una extraña serie de coincidencias o si lo que actuó ahí fue algo mucho más enigmático». Lo cierto es que, a los ojos de Morgan Robertson, que tenía experiencia de muchos años y era un experto en la navegación de aquel entonces, su Titán literario era un símbolo de orgullo desmedido y, al igual que en el Titánic histórico, eran patentes las divisiones sociales de la época.2 Gracias a Dios, si nos arrepentimos de todo corazón y le pedimos perdón por nuestra manera egoísta de pensar y de actuar, en el umbral de la muerte Él no nos guardará rencor por haber sido orgullosos al extremo de creer que no lo necesitábamos a Él en nuestra vida, ni nos echará en cara el habernos creído superiores a otras personas, ya fuera por su condición física, económica o social, a pesar de lo mucho que Él, como Padre nuestro, aborrece tales actitudes. Más vale entonces que hagamos lo que hicieron quién sabe cuántos de aquellos que perecieron en las gélidas aguas del Atlántico aquella trágica noche de abril mientras escuchaban a la banda del Titánic tocar el himno que dice: «Quiero estar más cerca de ti, mi Dios». Pidámosle a Dios perdón por todo pecado que hayamos cometido contra Él y contra nuestros semejantes antes de que sea demasiado tarde. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Wikipedia, s.v. «Clase Olympic» <https://es.wikipedia.org/wiki/Clase_Olympic> En línea 16 octubre 2019. 2 F.B., «Titán, Titanic», El Mundo, 2012 <https://www.elmundo.es/especiales/2012/internacional/titanic/curiosidades/profecia.html> En línea 11 octubre 2019; Debra J. Groom, «The strange tale of an Oswego man who wrote a book predicting a Titanic-like disaster ... 14 years before it happened» [La extraña historia de un hombre de Oswego que escribió un libro que predecía un desastre Titánico... 14 años antes de que sucedió], The Post-Standard, 11 diciembre 2011 (actualizado 22 marzo 2019 <https://www.syracuse.com/news/2011/12/the_strange_tale_of_an_oswego.html> En línea 15 octubre 2019. | 4m 04s | ||||||
| 4/14/26 | ![]() «Bien te quiere quien te advierte» (1a. parte) | (Víspera del Aniversario del Naufragio del Titánic) Era una maravilla de la tecnología náutica. Se trataba de un transatlántico británico, el buque de pasajeros más grande y más lujoso que jamás hubiera navegado las aguas de océano alguno. Tenía 269 metros de largo por 28 metros en su punto más ancho, y había sido construido de tal modo que se creía que no podía hundirse. Emprendió su travesía inaugural el 10 de abril de 1912, partiendo de Southampton, Inglaterra, rumbo a la ciudad de Nueva York. A medida que cruzaba magistralmente el océano, la admiración de todos aumentaba debido a la ausencia de vibración y a su estabilidad no obstante una velocidad cada vez mayor. Con el mar en perfecta calma, avanzó a todo vapor hasta un punto en el Atlántico Norte a unos 640 kilómetros al sur de Terranova. Faltaban sólo veinte minutos para la medianoche del domingo 14 de abril, cuando un atalaya divisó un iceberg directamente en frente. El enorme transatlántico empezó de inmediato a virar, pero ya era demasiado tarde. Al chocar contra aquel imponente bloque de hielo, se abrieron por lo menos cinco de sus compartimentos estancos hacia la proa, y el buque comenzó a llenarse de agua y a inclinarse al sumergirse la proa. Se hundió finalmente a las 2:20 de la madrugada del lunes 15 de abril de 1912, y quedó sepultado en el fondo del mar, a unos cuatro kilómetros de profundidad. De unas 2.224 personas que llevaba a bordo, el renombrado Titánic sólo tenía espacio para 1.178 en sus botes salvavidas, y para colmo de males en varios de los botes quedaron muchos puestos vacantes, dejando aún más pasajeros abandonados a su suerte. En total perecieron 1.522 personas. El buque Californian, a menos de 32 kilómetros de distancia, pudo haber socorrido al Titánic a tiempo para salvar a todos sus pasajeros, pero no recibió la señal telegráfica pidiendo auxilio debido a que el radiotelegrafista había dejado de escuchar sus audífonos diez minutos antes de la primera señal. Irónicamente, ese mismo radiotelegrafista del Californian le había advertido al Titánic del peligro dos veces, la última, 45 minutos antes del desastre. Pero uno de los radiotelegrafistas del Titánic, en lugar de hacerle caso, le había respondido que se callara, pues estaba interfiriendo la señal. Con razón dice el refrán: «Bien te quiere quien te advierte.»1 Jesucristo, el Hijo de Dios, nos advirtió que el fin del mundo, ese iceberg infranqueable contra el que ha de chocar la humanidad entera, será como sucedió en tiempos de Noé: «Comían, bebían, y se casaban... hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y los destruyó a todos.... Por tanto —agregó Jesús—, manténganse despiertos porque no saben ni el día ni la hora.... Dichosos los siervos a quienes su señor encuentre... preparados, aunque llegue a la medianoche o de madrugada.»2 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Refranero general ideológico español, compilado por Luis Martínez Kleiser (Madrid: Editorial Hernando, 1989), p. 66. 2 Lc 17:20,26,27; Mt 25:13; 12:37,38 | 4m 04s | ||||||
| 4/13/26 | ![]() La sed de venganza | En 1528, Pánfilo de Narváez desembarcó en la Florida cerca de la Bahía de Tampa. Allí el capitán español se hizo amigo de un cacique llamado Hirrihigua, al que posteriormente mutiló. Mandó que a la madre del cacique la despedazaran y se la comieran los perros, y luego le cortó la nariz al cacique. Consumado este acto salvaje, Narváez zarpó y navegó en busca de más destrucción en el norte de la Florida. Después de la salida del capitán, llegó procedente de Cuba una patrulla española en busca de él. El cacique Hirrihigua logró mañosamente que cuatro miembros de la tripulación patrullera desembarcaran allí, y los capturó. Los españoles restantes huyeron, pero ahora Hirrihigua tenía cuatro prisioneros con los que podía tramar su venganza. Un día de fiesta hizo desnudar a los españoles, y luego mandó que corrieran, uno por uno, alrededor de la plaza de la aldea. Los indios les lanzaron flechas que se les quedaron clavadas en el cuerpo, pero evitaron herirlos en órganos vitales. Así dieron muerte de una manera lenta y tortuosa a tres de los españoles. Luego sacaron al cuarto español, Juan Ortiz, de dieciocho años de edad, para matarlo de la misma manera. Por alguna razón a la mujer del cacique y a sus hijas les cayó bien el joven Ortiz, y convencieron a Hirrihigua que le perdonara la vida. De modo que el cacique condenó a Ortiz a trabajo de criado y al cuidado del cementerio de la tribu. El futuro de Ortiz se tornó más prometedor cuando mató una pantera durante su turno en el cementerio. Llegó el día en que el cacique decidió que iba a tener que matar al joven español. Pero la hija del cacique lo ayudó a escapar. Por eso cuando el conquistador Hernando de Soto se posesionó de la Florida en nombre de España en 1539, Ortiz pudo servirle de intérprete hasta su muerte al oeste del río Misisipí que había descubierto.1 Esta historia salvaje ilustra el extremo al que se puede llegar para aplacar la sed de venganza, y lo difícil que es lograr que se haga justicia. La triste realidad es que con la venganza no se consigue la paz; antes bien, se pierde hasta la poca paz que queda. Por eso la Carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento de la Biblia nos advierte que Dios ha dicho: «Mía es la venganza; yo pagaré», y que «¡es aterrador caer en las manos del Dios vivo!»2 Es que Aquel que nos creó como somos sabe que la venganza no resuelve nada en nuestro interior. Lo único que restablece la paz interior es nuestra disposición a recibir el perdón que nos ofrece Dios, a perdonar a los demás con el poder que Él nos da para hacerlo, y a dejar nuestra causa en sus manos, es decir, en manos del único que siempre hace justicia porque es Justo por naturaleza. Pues tarde o temprano, para bien o para mal, Dios pagará. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Joe Crankshaw, «Tales of Old Florida: Florida History Outshines Disney’s Pocahontas» [Relatos de la antigua Florida: La historia de la Florida eclipsa el Pocahontas de Disney], Miami Herald, 19 junio 1995, p. 5B; véase Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca: Historia del adelantado Hernando de Soto, Gobernador y Capitán General del Reino de la Florida, y de otros heroicos caballeros españoles e indios (Madrid: Nicolás Rodríguez Franco, Impresor, 1723), pp. 25-41. 2 Heb 10:30,31 (NVI) | 4m 04s | ||||||
| 4/11/26 | ![]() El abuso infantil y el masoquismo | En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue: «Todo empezó cuando tenía cuatro años. Recuerdo a mi madre golpeándome con una correa de cuero, tan duro que al final mis piernas quedaban marcadas.... Los castigos siempre fueron fuertes, aplicados con rabia, amenazas y a veces hasta con rechazo.... »Cuando estaba solo, yo mismo me infligía dolor físico, estilo masoquista, y eso me calmaba.... Mi adicción me ha servido de escape al estrés y a las tensiones del día a día. »Entiendo que no es normal lo que hago. Me aísla de la gente. He intentado casi de todo para dejarlo, pero no puedo. Cuando lo intento, la ansiedad es tal que me transformo en otra persona.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimado amigo: »¡Qué trágico lo que le sucedió a usted! ¡Cuánto lo sentimos! Su mamá comenzó a maltratarlo cuando usted apenas tenía cuatro años, y los estudios científicos han demostrado que esos años tempranos de la infancia son un lapso de desarrollo acelerado del cerebro. Durante ese lapso preciso, el abuso que usted estaba sufriendo causó reacciones químicas y eléctricas en su cerebro que enredaron y confundieron las conexiones y las asociaciones que su cerebro estaba desarrollando.1 »Se ha comprobado que las víctimas del abuso infantil tienen una predisposición a trastornos de ansiedad... y a una diversidad de tipos de enfermedades mentales.2 Su compulsión de hacerse daño como una manera de aliviar la ansiedad es un mecanismo de defensa que descubrió su cerebro de cuatro años de edad. Usted creció literalmente experimentando una asociación entre el dolor y el alivio de la ansiedad, de modo que su cerebro está completamente convencido de que no hay ninguna otra manera de afrontarlo.... »Ojalá hubiera pasos sencillos que pudiéramos recomendarle para resolver este problema, pero no es así de fácil. El problema suyo es una condición médica, y nosotros no estamos facultados para tratar problemas médicos. Así que usted necesita consultar a un médico lo más pronto posible. Cuéntele acerca del abuso que sufrió durante su infancia y de la compulsión actual que tiene de hacerse daño. El médico debe referirlo a un psiquiatra, quien es el especialista que ha recibido el adiestramiento y la preparación más adecuados para tratar problemas del cerebro y enfermedades mentales. »El ser víctima de abuso no es motivo de vergüenza. Usted no lo causó y no hizo nada para merecerlo. Fue un delito, y usted fue la víctima.... »Además de consultar a un médico, también le instamos a que lea el consejo que dimos en el Caso 523 en www.conciencia.net para enterarse de otras maneras de aliviar su ansiedad al meditar en el mensaje que nos dejó Dios en la Biblia.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 770. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Leonard Holmes, Ph.D., «How Emotional Abuse in Childhood Changes the Brain» [La manera como el abuso emocional durante la infancia cambia el cerebro], Verywell Mind [Mente muy sana], 15 noviembre 2021 <https://www.verywellmind.com/childhood-abuse-changes-the-brain-2330401> En línea 13 febrero 2023. 2 Elizabeth T.C. Lippard, Ph.D., y Charles B. Nemeroff, M.D., Ph.D., «The Devastating Clinical Consequences of Child Abuse and Neglect: Increased Disease Vulnerability and Poor Treatment Response in Mood Disorders» [Las devastadoras consecuencias clínicas del abuso y del trato negligente de niños: Mayor vulnerabilidad a enfermedades y mala respuesta a los tratamientos de trastornos en el estado de ánimo], The American Journal of Psychiatry [La Revista Americana de Psiquiatría], 20 septiembre 2019 <https://ajp.psychiatryonline.org/doi/full/10.1176/appi.ajp.2019.19010020> En línea 13 febrero 2023. | 4m 04s | ||||||
| 4/10/26 | ![]() «Unidos por la miseria» | (Antevíspera del Día Internacional de los Niños de la Calle) «... Toda la zona del arenal del dique, como toda la ciudad de Bahía, [pertenecía] a los Capitanes de la arena.... »... La ciudad comenzó a hablar de [aquellos] chicos vagabundos que vivían del robo. Nadie sabía el número exacto de los que así vivían. Serían unos cien y, de ésos, más de cuarenta dormían en las ruinas del... viejo depósito abandonado, en compañía de ratones, bajo la luna amarilla.... »... El Sem‑Pernas... quería... algo que lo hiciera feliz, que lo librase... de esas ganas de llorar que le venían en las noches de invierno.... una mano que lo acariciara, alguien que le hiciera olvidar su defecto físico con mucho amor, que le hiciera olvidar los... años que había vivido solo en las calles de la ciudad, hostilizado por los hombres que pasaban, empujado por los porteros, zurrado por los muchachos más grandes. Nunca tuvo familia. Había vivido en la casa de un panadero, al que llamaba padrino, que le pegaba buenas palizas. »El día que comprendió que una fuga lo libraría, lo hizo. Sufrió hambre, y un día lo metieron preso.... Aquella noche en la comisaría... vigilantes borrachos le hicieron correr renqueando alrededor de una pieza. En cada rincón lo esperaba uno con un palo largo. Las marcas de las costillas ya habían desaparecido, pero en la parte interior nunca desapareció el dolor de esa noche.... »... Después encontró a los Capitanes de la arena... y se quedó con ellos.... Su corazón estaba lleno de odio. Confusamente deseaba tener una bomba... que arrasara con toda la ciudad.... Entonces se alegraría. O también, si alguien, posiblemente una mujer de cabellos grises y manos suaves, lo apretara contra su pecho, le acariciara la cabeza y lo hiciera dormir un buen sueño, un sueño que no estuviera lleno de los sueños con aquella noche en la comisaría. Entonces estaría alegre y no tendría odio en el corazón. Y no tendría más envidia ni desprecio....»1 Así nos presenta al patético Sem-Pernas el popular novelista brasileño Jorge Amado en su obra titulada Capitanes de la arena. Cuando apareció este polémico libro de Amado en 1973, el Estado Novo brasileiro confiscó la edición y mandó quemar centenares de ejemplares en la plaza pública. De modo que cuando volvió a aparecer el libro siete años más tarde, «constituyó un verdadero acontecimiento cultural», comentan los editores de Losada en la contraportada de su edición del 2006. Gracias a Dios, ese «mundo de los niños abandonados, unidos por la miseria y empujados por una sociedad egoísta hacia los arenales del puerto, donde organizan su propia sociedad infantil, con toda la secuela de la delincuencia, pero rica también en solidaridad, inocencia y amor», como los describe la Editorial Losada, es el mismo mundo por el que el Padre celestial envió a su único Hijo Jesucristo a morir en la cruz del monte Calvario... solidario, inocente y amoroso.2 Y ese Hijo de Dios que dio su vida por todos los niños de la ciudad de Bahía, tanto los niños abandonados como los niños consentidos, es el mismo Cristo Redentor al que se le rinde homenaje con un monumento en el monte Corcovado, el Cristo que siente igual compasión y ternura por los niños de Río de Janeiro, del resto de Brasil, de Iberoamérica y del mundo entero.3 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Jorge Amado, Capitanes de la arena, trad. Estela dos Santos (Buenos Aires: Editorial Losada, 1973), pp. 30-31,41-42. 2 Jn 3:16 3 Sal 103:13; Mt 23:37; Lc 13:34 | 4m 04s | ||||||
| 4/9/26 | ![]() Por la mala conducta de su hija adulta | En este mensaje tratamos de manera anónima el caso que nos contó una mujer en las siguientes palabras: «Yo me congrego en una iglesia donde enseño la Biblia. Mi hija mayor es maestra de inglés, y lleva una vida de desorden, alcohol y relaciones con diferentes hombres.... Los fines de semana se la pasa metida en los bares. »Por ser yo maestra también como mi hija, no puedo dar consejos porque las demás personas me señalan diciéndome que me gusta corregir a los demás, pero que no corrijo a mi propia hija.... He sabido que ella ha dañado algunos matrimonios porque los afectados vienen a mí para informarme de lo que mi hija está haciendo, y me responsabilizan a mí. ¿Qué hago? Ella aún vive bajo mi techo.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »En el Caso 881, le dimos un consejo a una madre con un problema muy parecido al suyo. Le recomendamos que consulte ese caso en www.conciencia.net para enterarse de lo que le aconsejamos. »Una de las diferencias entre ese caso y el suyo es que la hija adulta ya no estaba viviendo en casa con la mamá, lo cual no es ni bueno ni malo. Pero en su caso, usted sí tiene la opción de pedirle a su hija que se mude y viva por su propia cuenta. Es posible que la gente sea más comprensiva si su hija se muda, pero usted necesitará pedirle a Dios que la guíe en cuanto a esa decisión, ya que no hay una respuesta específica basada en la Biblia que podamos darle. »Lo que la Biblia sí establece son los requisitos para ser un líder. El apóstol Pablo enfatizó en sus cartas a Timoteo y a Tito que un líder debe gobernar bien su hogar, y eso incluye amar y disciplinar de manera constante a los hijos.1 Pero la hija suya ya no es una niña. Es una adulta que trabaja y toma sus propias decisiones, aun sabiendo que usted no las aprueba. »Hay varios ejemplos de líderes en la Biblia que no fueron descalificados a pesar de que sus hijos adultos no sirvieron a Dios. El sacerdote Elí, el profeta Samuel y el rey David tuvieron hijos adultos que no anduvieron en los caminos de Dios,2 y sin embargo Dios no rechazó a esos padres por las acciones de sus hijos. Cada hijo adulto tuvo que sufrir las consecuencias de su propia desobediencia. »No obstante, nos preocupa que en su vida haya personas que la juzgan con tanta severidad. Esas personas la están juzgando a pesar de que Jesucristo mismo, el Hijo de Dios, enseñó: “No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes.”»3 »... Nosotros, también, tenemos una hija adulta que no es una seguidora de Cristo. Al igual que a su hija, se le han enseñado los caminos de Dios, pero ahora mismo está optando por no seguirlo a Él. Por supuesto que oramos por ella, pero su condición espiritual no afecta nuestra capacidad de enseñar a otros.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo se puede leer si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 888. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 1Ti 3:4-5; Tit 1:5-9 2 1S 2:12-17, 22-25; 8:1-3; 2S 13:1–18:33; 1R 1:1-53 3 Mt 7:1 | 4m 04s | ||||||
| 4/8/26 | ![]() «Su decisión me hace sentir culpable» | En este mensaje tratamos el caso de una mujer que «descargó su conciencia» en nuestro sitio www.conciencia.net. Lo hizo de manera anónima, como pedimos que se haga; así que, a pesar de que nunca se lo había contado a nadie, nos autorizó a que la citáramos, como sigue: «Después de veinticinco años de casados, me enteré de que mi esposo tuvo un romance hace diez años y nació una hija. Me enfurecí mucho y quise separarme de él. Hemos venido aceptando lo sucedido con el pasar del tiempo, y un día me confesó que, después de que me enteré, nunca más ha ido a ver a su hija, que debe tener nueve años, y que no le interesa tener ningún contacto con ella ni con su mamá. Él me dice que tomó esa decisión por mí, para que yo no sufra. Pero sé que el que sufre es él, porque es un hombre responsable. »Yo no sé qué hacer, si decirle que la busque o dejar eso así. Su decisión me hace sentir culpable, aunque no quiero que nada dañe mi matrimonio.» Este es el consejo que le dimos: «Estimada amiga: »Nos alegra que le haya hecho caso a su conciencia, la cual le está haciendo ver que no es justo que una inocente niña pierda a su papá. Sin duda, usted no quiere ser la causa de que una pequeña sufra el resto de su vida porque la abandonó su padre. »Por supuesto que su esposo hizo lo indebido. Cometió adulterio y pecó contra usted y contra Dios. Y la niña es una consecuencia de ese pecado. ¡Pero ella es inocente! ¡No hizo nada malo! ¿Qué gana con hacerla sufrir por el pecado de su esposo? »Uno de los Diez Mandamientos es no cometer adulterio.1 ¿Por qué consideró Dios que tenía tanta importancia como para que fuera una de las diez normas de conducta esenciales? Precisamente porque Él ama a los niños inocentes, se interesa en el bienestar de ellos y quiere asegurarse de que disfruten de las mejores oportunidades en la vida como parte de una familia estable y amorosa. Esa hija de su esposo jamás tendrá [tal] oportunidad.... »Le instamos a que tome la decisión de no relacionar en sus pensamientos a esa niña con el pecado de su esposo ni con la madre de ella. Dígale a su esposo que sienta la libertad de invitar a su hija a la casa de ustedes. Aprenda a amarla, no porque usted acepta lo que hizo su esposo, sino porque sabe que ella es inocente. De hacerlo así, en vez de dañar su matrimonio, profundizará el aprecio y el amor que su esposo le tiene a usted. »No será fácil. Es obvio que la niña la verá a usted como la rival de su mamá. Tal vez la trate con desprecio al principio. Si eso sucede, ábrale las puertas de su hogar de todos modos y permítale pasar tiempo allí con su papá mientras usted se mantiene alejada en otra parte de la casa. Pero siempre recuerde que la relación que sostiene su esposo con esa hija no es nada de lo que usted debe ponerse celosa. El amor que él siente por ella es diferente del que siente por usted. Se portará usted como una mujer muy sabia si aprende a aceptar a esa pequeña del mismo modo en que ha llegado a aceptar lo que hizo su esposo. »Le deseamos lo mejor, »Linda y Carlos Rey.» El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa el enlace que dice: «Caso 147» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Casos». Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Éx 20:14; Dt 5:18 | 4m 04s | ||||||
| 4/7/26 | ![]() «La Lucrecia Borgia de Monserrat» | María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, amante de varios hombres a la vez, entre ellos su esposo, amaba con la misma pasión el dinero y el ostentarlo. Conocida como Yiya Murano, llegó a ser conocida también con los infames motes de la envenenadora y la Lucrecia Borgia de Monserrat. Vivía en Buenos Aires, Argentina, donde en 1979 envenenó con té a sus tres amigas prestamistas. En el prólogo a la biografía titulada Mi madre, Yiya Murano, escrita por su hijo Martín Murano, el periodista y escritor argentino Rodolfo Palacios sostiene que la ambición de Yiya «la llevó a humillar a su hijo desde niño, entre mentiras, desprecios y amantes que le hacían regalos costosos.... Las víctimas conocieron más a Yiya que su propio hijo. [A él] no le quedó ningún buen recuerdo de su madre, ni un instante feliz, mucho menos una foto en familia o un paseo inolvidable.»1 Respecto a su muy querido pero ingenuo padre, Martín declara: «Para mí fue siempre más fácil comprender la actitud manipuladora de mi madre que la devoción de [Antonio,] mi padre. Quizás Antonio, que murió de pena cuando encarcelaron a Yiya, se sintió alguna vez identificado con los famosos versos que Borges escribió sobre Buenos Aires: “No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto”.»2 Cuatro días antes del plazo que la sentencia dictada por la Cámara de Apelaciones había fijado para que Yiya se entregara a la Justicia, le confesó por fin a Martín que ella había matado a aquellas mujeres poniendo el veneno en los saquitos de té que bebieron. —Ahora que lo sabés, ¿qué pensás de mí? —quiso saber [Yiya]. —No creo que realmente te importe y, principalmente, a mí no me importa que a vos te importe [—respondió él]. En contraste, lo que sí le importaba a Martín era lo que pensaba María Sandoval, la empleada doméstica a quien Yiya había contratado para cuidarlo desde su infancia y a quien él a menudo había llamado «mamá» sin que a Yiya le importara mucho. Por eso Martín acababa de decirle a Yiya tajantemente: —Para mí, Antonio es mi viejo y María mi vieja... —¡María! Por favor... una sirvienta —[lo había interrumpido Yiya] de una manera despectiva.... —Una sirvienta sí [—había replicado Martín—], pero que supo quererme, que supo entenderme y que se enorgullecía cada vez que hablaba de mí...3 Gracias a Dios, quien creó a su imagen tanto a la mujer como al hombre, todos tenemos en Él a un Padre celestial que nos ama no sólo paternalmente sino también con el tierno, reconfortante y entrañable amor de una madre. Fue por ese inmenso amor que Dios hizo posible que se nos llame hijos suyos. Para serlo, sólo falta que reconozcamos que Jesucristo su Hijo supo querernos más que nadie al dar su vida por nosotros, y supo entendernos al hacerse hombre. Así podremos también llegar a apreciar el orgullo que Dios siente por nosotros como Padre nuestro.4 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Martín Murano, Mi madre, Yiya Murano (Buenos Aires: Planeta, 2016), Edición Kindle: pp. 11-12. 2 Ibíd., pp. 21-22. 3 Ibíd., pp. 122-24. 4 Gn 1:27; Dt 32:18; Is 49:15; 66:13; Mt 23:37; Jn 1:12,14; 3:16; 15:13; Fil 2:5-8; 1Jn 3:1 | 4m 04s | ||||||
| 4/6/26 | ![]() Dos muertes premeditadas | Su enfermedad la había debilitado. No iba a ser posible huir de los perros bravos de aquellos hombres barbudos que estaban haciendo estragos en su tierra. Pero se le ocurrió una idea. Tal vez no fueran tan despiadados que mataran a su niño de un año de edad, sobre todo si lo hallaban indefenso y desamparado. De modo que la pobre indígena se valió de su último recurso en un inútil intento de salvarle la vida a la criatura de sus entrañas: Tomó una soga, se ató al pie a su precioso hijito, y se ahorcó de una viga. Con todo, los perros se abalanzaron sobre el niño y lo despedazaron. Sólo quedó el interrogante de lo que habría pensado aquella madre si hubiera vivido para presenciar el sacramento «cristiano» que se le aplicó a su inocente hijo, pues un fraile español a duras penas lo bautizó mientras agonizaba momentos antes de su sangrienta muerte.1 Este trágico relato de Fray Bartolomé de las Casas nos conmueve no sólo porque trata sobre el amor de una madre por su pequeño hijo, sino también por la forma despiadada en que los conquistadores cazaron a su aterrorizada presa. Y es que los dos presentan un contraste perfecto. Por una parte sobresale como una bella rosa entre las espinas el amor de la joven indígena que estaba dispuesta a dar su vida con la esperanza de que así lograra salvar a su hijo. Por la otra se destaca como una llaga putrefacta la insensibilidad de los cazadores de indios del Nuevo Mundo, que se valían de perros para acabar con sus desprotegidas víctimas. Así como esa madre indígena del reino de Yucatán en el siglo dieciséis dio su vida con el fin de salvar la de su hijo, también el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, dio su vida para salvarnos a nosotros de las garras del pecado. Pero hay dos diferencias abismales entre los dos casos. En primer lugar, Cristo podía huir de su enemigo. Cuando Pedro quiso defenderlo de los soldados romanos, Cristo lo desarmó con estas palabras: «¿Crees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondría a mi disposición más de doce batallones de ángeles? Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras que dicen que así tiene que suceder?»2 Con eso Cristo daba a entender que Él no habría de morir impotente a manos de su enemigo, sino que había un plan maestro que Él tenía que seguir. Y ese plan contemplaba su muerte en la cruz por los pecados de toda la humanidad, tanto de los conquistadores como de los conquistados de todas las edades. La otra diferencia fundamental entre la muerte de la madre indígena y la de Cristo es que Él no fracasó. Cuando salió victorioso del sepulcro, sus descorazonados discípulos reconocieron que su muerte obedecía a ese plan maestro,3 y tan convencidos estuvieron que uno por uno se dispusieron a dar la vida por la causa del Maestro de ese plan. Dispongámonos también nosotros a rendirle a Cristo nuestra vida. Aceptemos hoy mismo la salvación que nos compró con su muerte y que selló con su resurrección. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las indias, citado en Cronistas de indias: Antología, 3a ed. (Bogotá: El Áncora Editores, 1992), pp. 48-50. 2 Mt 26:53-54 3 1Co 15:3-57 | 4m 04s | ||||||
| 4/4/26 | ![]() «Jamás me pidió que fuera su novia» | En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Durante un año le di mi amor a un hombre con quien tenía diez años de diferencia. Lo llevé a mi casa, y todos sabían que estaba enamorada de él, pero jamás me pidió que fuera su novia. Eso hizo que me decidiera a dejarlo, y ahora me siento culpable porque pienso que él sí me quería.... ¿Creen ustedes que tomé una buena decisión?» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Cuando somos seguidores de Cristo, Él nos habla por conducto de nuestra conciencia para indicarnos que algo anda mal. Usted no dice si es o no seguidora de Cristo, pero bien pudiera ser que su conciencia le dijo que algo andaba mal en esa relación, y fue eso lo que hizo que usted decidiera dejar a ese hombre. »Usted tampoco dice si era íntima la relación que sostuvieron, a no ser que eso sea lo que quiere decir con “le di mi amor”. ¿Estaba teniendo relaciones sexuales con él? Si es así, la Biblia deja en claro que las relaciones sexuales deben reservarse para ser disfrutadas como parte del matrimonio entre un hombre y una mujer. Usted no está casada, así que pudo haberle remordido la conciencia debido a eso. »La razón más común por la que las personas sostienen relaciones sentimentales sin compromiso alguno es que desean disfrutar de la relación sexual sin tener que afrontar las responsabilidades que el amor sentimental conlleva. Pero hay muchas otras razones también. Es posible que ya estén casadas, o que tengan diversas parejas sexuales adicionales. Bien pudieran tener secretos, o mantener oculta una vida pasada de la que no quieren que nadie se entere. Pudieran ser narcisistas, obsesionadas consigo mismas a tal grado que son incapaces de comprometerse con nadie. O tal vez sean hedonistas, por lo que concentran todos sus esfuerzos en sentir el placer personal y no aceptan ninguna responsabilidad de las necesidades de nadie más. »Cualquiera que sea la razón por la que este hombre no llegó a comprometerse con usted, creemos que un año ofrece suficiente tiempo como para que cualquier adulto tome tal decisión. Después de ese lapso de tiempo, una relación que no haya llegado a ser noviazgo probablemente no progrese nunca. »Es obvio que usted desea más que eso. Quiere un novio que se comprometa con usted y tarde o temprano llegue a ser su esposo. Eso mismo desean muchas mujeres. Pero eso requiere un hombre que quiera lo mismo. »Es muy insensato optar por mantenerse en una relación con un hombre que obviamente no contempla un futuro compartido con usted. Tal decisión resultaría en tiempo malgastado que pudiera invertirse en la búsqueda de otro hombre que comparta sus sueños. De modo que sí, creemos que usted tomó la decisión acertada.» Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. Este caso y este consejo pueden leerse e imprimirse si se pulsa la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 769. Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net | 4m 04s | ||||||
| 4/3/26 | ![]() ¿Quién podrá negarle el corazón? | Con buena razón se ha dicho acerca de las Rimas sacras, como las siguientes del poeta español Lope de Vega, que «contienen, sin disputa, algunos de los más bellos y emocionantes sonetos religiosos de la poesía española»1: ... El puro y manso Jesús, que el Bautista en el Jordán llamó Cordero de Dios, se quiere sacrificar. . . . . . . . . . . Mucho le pesa la cruz, los pecados mucho más, con ellos ha dado en tierra, que no los puede llevar. . . . . . . . . . . Cayó Cristo, y por la frente, con el golpe desigual, se le entraron las espinas lo que faltaban de entrar. . . . . . . . . . . Suspira el manso Cordero, ayuda pidiendo está, y a palos, golpes y coces le vuelven a levantar. . . . . . . . . . . Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. . . . . . . . . . . Ya clavan la diestra mano, haciendo tal resistencia el hierro entrando el martillo, que parece que le pesa. Los pies divinos traspasan, y cuando el verdugo yerra de dar en el clavo el golpe, en la carne santa acierta. . . . . . . . . . . Cayó la viga en el hoyo, y antes de tocar la tierra, desgarrándose las manos dio en el pecho la cabeza. . . . . . . . . . . Unos dicen que, si es rey, de la cruz descienda y baje; y otros que, salvando a muchos, a sí no pudo salvarse. . . . . . . . . . . Viendo, pues, Jesús que todo ya comenzaba a acabarse, Sed tengo, dijo, que tiene sed de que el hombre se salve. Corrió un hombre y puso luego a sus labios celestiales en una caña una esponja llena de hiel y vinagre. . . . . . . . . . . ... [Ahora] el ladrón famoso, como otros muchos han hecho, quiere acabar predicando al que está con él, diciendo: «Éste padece sin culpa, y culpados padecemos, Jesús, hijo de David, [te acuerdas de mí] en tu reino. «Conmigo —responde Cristo— estarás hoy, te prometo».... . . . . . . . . . . A su Padre Eterno mira, abriendo los ojos santos... con voz poderosa dice, cielos y tierra temblando: Mi espíritu, Padre mío, pongo en tus sagradas manos. Y bajando la cabeza sobre el pecho quebrantado, a la muerte dio licencia para que flechase el arco. . . . . . . . . . . Rompióse el velo del templo, cayeron los montes altos, abriéronse los sepulcros, y hasta las piedras hablaron. Mas llamando encantamientos el pueblo tales milagros, quebrarle quieren los huesos que sólo quedaban sanos. Y como le hallaron muerto, por ir seguro, un soldado puso la lanza en el ristre arremetiendo el caballo. Y abrió por el santo pecho tanta herida a Cristo santo, que se le vio el corazón... que en obras [se apreció] claro.... . . . . . . . . . . ... [Mi] dulcísimo Jesús, si después de pies y manos también dais el corazón, ¿quién podrá el suyo negaros? . . . . . . . . . . Bien sé, [mi] Pastor divino, que estáis subido en alto, para llamar con [silbidos] [a] tan perdido ganado. Ya os oigo, Pastor mío, ya voy a vuestro pasto, que como vos os dais, ningún pastor se ha dado. . . . . . . . . . . Nadie tendrá disculpa, diciendo que cerrado halló jamás el cielo, si el cielo va buscando. ... [Pues] estáis a todas horas llamando y aun rogando.2 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 José Manuel Blecua, editor de Lope de Vega: Obras poéticas (Barcelona: Editorial Planeta, 1989), p. 275. 2 Lope de Vega, «Rimas sacras», Obras poéticas, Ed. José Manuel Blecua (Barcelona: Editorial Planeta, 1989), pp. 402-24. | 4m 04s | ||||||
| 4/2/26 | ![]() «Por ti perdonar prometo» | Un ejército furioso, todo de testigos falsos, donde es capitán la envidia, y el alférez el engaño, de acero, miedo y mentiras para sólo un hombre armados, a Cristo presenta a Anás puesto a la garganta un lazo. «¿Quién eres, hombre? —le dice—. ¿De qué vives? ¿Qué es tu trato? ¿Qué discípulos te siguen? ¿En qué ciencias eres sabio?» Jesús, de paciencia ejemplo, responde, los ojos bajos, con ser el más alto espejo de su Padre soberano: «Yo siempre hablé claramente, con mi doctrina enseñando en público, que en secreto no es la comisión que traigo. »¿Qué me preguntas a mí? Pues que puedes preguntarlo a tantos que me han oído; que ellos saben lo que trato.» «¿Así respondes?», le dijo, alta la mano, un soldado, y dio a Cristo un bofetón que dejó el cielo temblando. «Si hablé mal, da testimonio —responde el Cordero manso—, y si bien, ¿por qué me hieres?» ¡Ay, cielos, vengad su agravio! . . . . . . . . . . Cristo mío de mi vida, ¿cómo si soy el esclavo señalan tu hermoso rostro los dedos de aquella mano? Bendiga tu amor el cielo, que yo, mi Jesús, no basto, pues siendo los yerros míos, quieres Tú tener los clavos. [Por ti perdonar prometo]... a quien me hubiere injuriado, imitando la respuesta de tus labios soberanos. . . . . . . . . . . ... Perdonaremos injurias, pues Tú nos has enseñado a pedir que nos perdonen del modo que perdonamos.1 Así describe el poeta español Lope de Vega las afrentas que sufrió Jesús de Nazaret la noche en que fue arrestado y sometido a juicio ante el sumo sacerdote Anás. Según el filólogo José Manuel Blecua, vigesimonoveno director de la Real Academia Española, fue «la honda crisis que llevó a Lope al sacerdocio» lo que a su vez lo llevó a publicar sus Rimas sacras2 en 1614. Lope mismo lo reconoce en el «Soneto Primero» de la obra, como sigue: Cuando me paro a contemplar mi estado y a ver los pasos por donde he venido, me espanto de que un hombre tan perdido a conocer su error haya llegado. Cuando miro los años que he pasado, la divina razón puesta en olvido, conozco que piedad del cielo ha sido no haberme en tanto mal precipitado.3 Con razón que al poeta le parezca tan injusto que sea Jesucristo y no él quien tenga que soportar semejantes afrentas. Lope es un hombre débil, como los demás sacerdotes,4 esclavo de sus propios errores. En cambio, Cristo es nuestro sumo sacerdote «hecho perfecto para siempre... santo, irreprochable, puro [y] apartado de los pecadores».5 Más vale que, así como aquel autor de las Rimas sacras, también nosotros reconozcamos que somos pecadores. Pidámosle perdón a Cristo, quien puede y quiere salvarnos para siempre de nuestros pecados, ya que vive siempre para interceder por nosotros, y determinemos seguir su ejemplo y perdonar a quienes nos ofenden.6 Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net 1 Lope de Vega, «Rimas sacras», Obras poéticas, Ed. José Manuel Blecua (Barcelona: Editorial Planeta, 1989), pp. 393-96. 2 Ibíd, p. 275. 3 Ibíd, p. 296. 4 Heb 7:28 5 Heb 7:26-28 6 Heb 7:25 | 4m 04s | ||||||
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